Por: Raisiel Damián Rodríguez*

El gran George Orwell intuía, mientras escribía su célebre fábula sobre una granja rebelada, que el verdadero peligro del igualitarismo doctrinario no radica en la utopía misma, sino en la inevitable mutación de quienes la administran. En su novela, el mandamiento definitivo impreso en el granero dictaminaba: «Todos los animales son iguales» para terminar apareciendo con toda claridad: «Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros». En Cuba, tras casi siete décadas de corear consignas sobre la pureza de una sociedad sin clases, la realidad ha roto sus costuras con la grosería de un secreto a voces. Cuba no es una república ni un paraíso obrero: Cuba es una finca privada, y los herederos de la dinastía acaban de encender las luces para que el mundo vea su casa y les hable de sus bienes.
La reciente y calculada entrevista que Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el Cangrejo, concedió a USA TODAY es el acta de nacimiento público, la presentación en sociedad de nuestra élite postotalitaria. Mientras el pueblo sobrevive a oscuras, midiendo el milagro diario de un plato de comida tras el fin de la libreta de abastecimiento y el colapso energético, el nieto todopoderoso del faraón despacha con la prensa extranjera desde la antigua oficina de su abuelo en el Palacio de Convenciones. Apareció con ropa de marcas de lujo, un Rolex en sus manos y una cadena de oro en su cuello; pero sobre todo con la impunidad de su apellido, para dejar muy claro quién tiene la llave del candado de la finca.
Pero ¿qué nos dice esta entrevista sobre Cuba y su futuro? Hablemos un poco de ello.
Los informes en un Ferragamo: ¿Dónde reside el poder real?
La periodista de USA TODAY reveló que, cada mañana, El Cangrejo recibe en un maletín de lujo los informes clasificados de máxima prioridad del MININT y de las Fuerzas Armadas (FAR). Tras digerirlos, se reúne hacia el mediodía con un debilitado Raúl Castro para desglosar el estado de la nación: qué protestas se apagan, qué recursos quedan, qué objetivos nacionales e internacionales deben tener prioridad, y qué hilos deben mover.
Un militar bastante obtuso, sin poder ni legitimidad política es el verdadero eje del poder y del control militar, económico y político de la isla, por la simple casualidad cósmica de ser un subproducto de las gónadas de la familia Castro. Y esto, incluso siendo reconocido siempre por lo bajito, ahora se hace visible y claro ante el mundo, demostrando la inoperancia e innecesaria existencia de todos los políticos y “dirigentes” de la robo(revo)lución
El verdadero poder en Cuba no pasa por las urnas, ni por los ministerios, ni por el Parlamento. Pasa por el almuerzo diario de un nieto con su abuelo.
Este circuito cerrado desnuda la farsa de la institucionalidad cubana. ¿Dónde queda Miguel Díaz-Canel? Pues donde el choteo popular lo colocó desde el primer día: como el administrador decorativo del derrumbe; como un títere sometido a la burla visible por la cual recibe – como los cachorros que ejecutan bien su papel en un espectáculo – algunas migajas. ¡Que peligro el tener tan baja autoestima, como para aceptar una situación así! Díaz-Canel es el burócrata designado para poner la cara cuando la termoeléctrica estalla y firmar los decretos impopulares de la «resistencia creativa». Mientras él asume el costo político del colapso, el poder real opera en la sombra familiar, planificando el destino del país a espaldas del Gobierno nominal.
El ala tecnócrata y la sombra de Óscar Pérez-Oliva Fraga
Pero el Cangrejo no viaja solo en esta balsa, ni puede comandar solo la finca familiar. Si rascamos los movimientos tras bambalinas que precedieron a esta entrevista, emerge otra figura imprescindible: el principal estratega y número dos de Óscar Pérez-Oliva Fraga (Ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera), o como tiendo a llamarle: “El Castro sin Castro”.
Este personaje representa el cerebro operativo de la moneda postotalitaria. Mientras Raúl Guillermo encarna las armas y el músculo de GAESA, la tecnocracia de Óscar Pérez aporta los “niños listos” del aparato económico: hombres sin carisma revolucionario pero entrenados en la frialdad corporativa global. Este bloque entiende que el barco ideológico naufragó. Su meta no es salvar el socialismo, sino diseñar una reconversión donde ellos sigan gobernando la finca, aunque tengan que arrendarla por parcelas o subastar pedazos de la soberanía nacional.
Siempre lo he creído y lo sigo afirmando: mientras el Cangrejo es la línea directa con Raúl Castro; su primo segundo, Oliva-Fraga, se está encargando de preparar los marcos económicos nacionales e internacionales para el cambio “gatopardo”, donde todo cambia para que nada cambie. Ellos son nuestros hermanos Rodríguez (en referencia a Delcy y su hermano, tras la salida de Maduro de Venezuela). Ellos podrán manejar las negociaciones con USA para que Cuba se abra a la economía norteamericana, expulsando a China y Rusia de la región y controlando su frontera sur – que es el principal objetivo del país – sin que necesariamente se convierta esto en una transformación real hacia la democracia republicana en la isla.
El soberano schmittiano y la subasta de la soberanía.
Para comprender a este binomio hay que acudir a Carl Schmitt. En su Teología Política, Schmitt dejó escrito que «soberano es quien decide sobre el estado de excepción». Y Cuba es, desde hace setenta años, una excepción en sí misma. Históricamente, Fidel y Raúl Castro ejercieron esa soberanía absoluta suspendiendo todo derecho y normalidad bajo el pretexto del asedio imperial. Ahora, tras el colapso de la ideología, sus engendros nos invitan a vivir, entre nuevas medidas económicas, asedio y violencia policial y anormalidades políticas, una nueva etapa de excepción.
Acosada hoy por un aislamiento financiero letal, la nueva élite está dispuesta a redefinir la soberanía en términos mercantilistas. Su plan es un pacto de supervivencia donde se entrega la soberanía jurídica de la nación a cambio de impunidad privada. Al ofrecer a los inversores zonas económicas especiales exentas de las leyes nacionales, prometer la devolución de bienes confiscados y ofrecer a Washington la liberación condicionada de prisioneros políticos, operan bajo la premisa de que la soberanía es una mercancía canjeable. Están dispuestos a «arrendarla» a potencias extranjeras con tal de conservar el control policial del territorio y el usufructo de los hoteles.
Vilfredo Pareto explicaba que la historia es un cementerio de aristócratas donde las viejas castas de «leones» (gobernantes que usan la fuerza y la fe ideológica) son sustituidas por los «zorros» (calculadores, expertos en la transacción financiera y el engaño). Cuba asiste hoy a esa transición zoológica. Los leones de la Sierra Maestra han envejecido o muerto; lo que queda es una camada de zorros tecnócratas que intentan transmutar el poder político absoluto en propiedad privada legítima. Dicen sufrir por las dificultades del pueblo, al tiempo que no padecen las colas… dicen que buscan que todos vivan como ellos, al tiempo que retuercen la vida cotidiana para que sea imposible siquiera hacerles sombra.
Del usufructo público al derecho privado: Transición suave
Lo interesante es cómo vemos ratificado aquello que ya había advertido hace unas semanas en mi ensayo «Adiós al socialismo: ¿El inicio del cambio definitivo en Cuba?» El análisis transicional nos advierte que no estamos presenciando un arrepentimiento moral de la cúpula. Lo que ocurre es el intento de la élite burocrática por mutar sus privilegios temporales en derechos de propiedad privada permanentes.
Durante décadas, la familia Castro controló la riqueza bajo la ficción de la «propiedad de todo el pueblo». Eran solo sus «administradores». Sin embargo, el inexorable paso del tiempo y la incompetencia interna aceleraron el reloj. A los herederos ya no les interesa el andamiaje marxista ni la retórica antiimperialista. Lo que les urge es asegurar la herencia.
Como explica la teoría de las soft transitions (transiciones suaves), las facciones reformistas buscan pactar una liberalización económica controlada que actúe como escudo de impunidad. El objetivo es utilizar el dinero acumulado en las cuentas opacas de GAESA y empresas offshore para comprar la infraestructura del país a través de testaferros antes de que el barco se hunda del todo.
Los nietos de Castro y su entorno plantean estos supuestos como la vía de poder concebir su futuro y el de su familia manteniendo, legal y legítimamente de forma privada, lo que ya controlan ahora de forma pública. — «Adiós al socialismo»
Para que esta privatización mafiosa —similar a la de la Rusia postsoviética— sea exitosa, la élite necesita dos cosas: ganar tiempo aplacando el hambre del pueblo con reformas inconstitucionales, y conseguir la validación jurídica de su principal adversario histórico: los Estados Unidos. Ahora, sin ambajes, hablan de negociaciones y pactos, con el único objetivo de doblegar a la Casa Blanca sin cambiar el poder político; o si esto fuera necesario, utilizando a toda la disidencia leal para hacer creer que sí puede haber pasos de cambio en la isla.
El puente hacia Washington: Zapatos de lujo y foie gras
Bajo esta lógica encaja el desparpajo de El Cangrejo. El nieto de Raúl Castro exhibió una dualidad estética e histérica fascinante: sacó a relucir un medallón de oro con las iniciales de Fidel y Raúl para legitimarse ante la vieja guardia, pero confesó su fascinación por Nueva York, los Yankees y la moda internacional.
La revelación de sus 23 viajes oficiales a Panamá —muchos con la presidenta de GAESA— confirma que el coronel es el custodio de la caja del castrismo. Él sabe que el dinero necesita tranquilidad jurídica. Por eso, sus palabras fueron un pliego de condiciones enviado a la Casa Blanca de Donald Trump y a Marco Rubio (con quien admitió reunirse en enero de 2026 en la cumbre de CARICOM).
«Puedo negociar con cualquier persona designada por Estados Unidos. Si se me da la oportunidad, con Trump… Me duele que mucha gente no pueda vivir como yo. Me pesa cómo lucha la gente». — Raúl Guillermo Rodríguez Castro (USA TODAY)
El mensaje implícito a Washington es cristalino: «Nosotros tenemos el control de las armas y del dinero; Díaz-Canel es prescindible. Estamos dispuestos a abrir el mercado, compensar propiedades confiscadas y liberar presos políticos. A cambio, pedimos que levanten las sanciones y respeten nuestra propiedad privada sobre la isla».
Es la aspiración máxima del neocastrismo: una Cuba donde, según el Cangrejo, la gente “pueda comprar foie gras en los supermercados”, pero donde la disidencia siga prohibida y el partido único conserve su capacidad de coerción. Repito lo ya dicho: juegan a soltar la mano en la economía, pero sin romper la tensión del puño sobre el cuello de la sociedad civil.
Y sin embargo, toda esta operación de lavado de cara tropieza con la decadencia de sus ejecutores. Porque lo rico no quita lo patético, y una entrevista sobre aperturas y cambios, no quita el performance y el ridículo del régimen. Al salir de un restaurante, un ciudadano común se aproximó a la comitiva, abrazó al Cangrejo y exclamó ante la periodista estadounidense: «Mi sangre, mi hermano, sé que contigo al mando las luces volverán a La Habana».
¿No podían jugar mejores cartas? ¿La agencia de seguridad del Estado y los tantos asesores que tienen no podían decirle que era una soberana estupidez? ¿Acaso no pensaron que ese lenguaje, esa fruición literaria tan rebuscada se aleja de cualquier tonalidad real de un “ciudadano de la calle” que se lo encuentre “casualmente” a la salida de un restaurante, que encima está vedado para él? ¿Cuál era el objetivo final de un show tan grotesco y esperpéntico: hacer creer a la entrevistadora, que se conoce al Cangrejo, que es un tipo fiable y que cuenta con el respaldo del pueblo?
No puedes invitar a un restaurante, llevarla al despacho del abuelo, enseñarle el Rolex de oro, hablar de viajes y prebendas y luego ir de cercano al pueblo y a su realidad, porque quedas como lo que eres: un imbécil. (De esto, por cierto, también debería aprender mucho la disidencia con algunos de sus gestos y momentos, que alejan completamente el mensaje de la realidad cotidiana en la isla). Este show solo demuestra el desespero de una casta que sabe que el tiempo se agota y que el descontento popular ha llegado a un punto de no retorno. Se acerca el quinto aniversario del 11J y el miedo hace que la bestia se desperece y se prepare.
Todos los animales son iguales… o no
Miren, la élite postotalitaria quiere una retirada organizada hacia el capitalismo de compadres. Pretenden disolver las viejas certezas ideológicas tras un pragmatismo corporativo donde el ciudadano pierda sus derechos políticos a cambio de la ilusión de una economía mejorada. Pero: ¿quién le quita a mi madre, que como muchas ha sido una gran ferviente del proyecto revolucionario, la sensación de injusticia y la depresión de la mentira vivida durante tantos años de sacrificio, con este nuevo programa hacia el capitalismo? ¿Dónde quedan nuestros ancianos desamparados y con decepción por el abandono al que les ha sometido este régimen? ¿Dónde encajaran en el futuro luminoso que nos prometen, pero que se sostiene sobre un mar de sangre cubana y una montaña de estiércol comunista?
La elite revolucionaria, el Cangrejo, comenten un error de calculo histórico al ignorar el hartazgo ciudadano. La brecha entre los animales que hacen catorce horas de cola por un pedazo de pan y los elegidos que despachan informes de inteligencia mientras planean el menú del foie gras se ha vuelto demasiado pornográfica, realista y brutal, para ser tolerada.
Ellos confían en que su control militar y sus conexiones diplomáticas secretas les garantizarán una jubilación de lujo sobre las cenizas de la República. Pero cuando el hambre y la claridad coinciden en una calle, los diques de las dinastías terminan cediendo. Por mucho que pretendan negociar el precio de la finca, los animales de la granja cubana ya han aprendido a mirar fijamente el espejo de la pared. Y esta vez, no tienen ninguna intención de seguir obedeciendo a los dueños del granero. Todos los animales somos iguales… pero los cerdos que gobiernan deberían vivir sabiendo que en cualquier momento el resto de los animales los haga chicharrón.
*Raisiel Damián Rodríguez es Licenciado en Humanidades, Filosofía y Ciencias Sociales por el Instituto de Estudios Eclesíasticos Pbro. Félix Varela de la Habana, Cuba. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana y Doctorado en Humanidades con especialización en filosofía política y antropología religiosa en la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid.
Profesor en la UFV de Teoría Política y Humanidades. Su investigación se centra en partidos y regímenes políticos y geopolítica de Iberoamérica. Colaborador en medios de comunicación y asesor de partidos.

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